domingo, 7 de junio de 2015

Dicen que le han visto reír
por los callejones de Madrid
a las 6 a.m,
y lo iluminaba todo,
con sus ojillos de bestia
buscando la próxima presa.
Musa de poetas suicidas,
musa de poetas,
musa de  
musas.
Tenía las piernas más largas,
la falda más corta,
y el carmín más intenso
de toda Malasaña.
Vivía en los antros más putrefactos
buscando el calor
bajo un par de copas o algún peta,
ya que ningún cuerpo (ni ningún alma)
era capaz de comprenderla.
Soñaba con ser un espíritu libre,
más allá de todas las cárceles que le encerraban.
Por eso un día,
nos escribió una carta
a todos nosotros,
diciéndonos que se marchaba,
en busca de otros bares
y otras vidas
lejos de todas estas celdas.